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La Homosexualidad en América antes de la conquista

Marvin Aguilar, culturólogo

Una explicación del poco desarrollo en las zonas de El Salvador más allá del río Lempa en la actualidad bien podría encontrarse en que fueron las regiones ultra lempinas,  también antes de la colonia, las de menos vistosidad. Aun persiste dentro de nuestro árbol psico genealógico de nación este modo de actuar desde la nomenclatura de poder.


De igual manera, un acercamiento a las costumbres homosexuales de la época precolombina nos ayudará a comprender mejor si el pueblo, la masa salvadoreña, está o no preparado para que se comience un proceso de aceptación frente a esta conducta por parte de esta misma población. Hay que dejar de ver al pueblo como un menor de edad en cuanto al tema de la sexualidad (como ha sido la posición de los políticos hasta hoy). Hay que partir de que la diversidad sexual es, como bien lo reconoció la misma hija de Raúl Castro en Cuba (Mariela Castro Spin) cuando comenzó en su país una lucha difícil por eliminar la homofobia y la transfobia, una esfera de los derechos humanos.


¿Qué tan extraño es para el arquitrabe latinoamericano la homosexualidad? Cabe decir que es antiguo. El Chilam Balam nos menciona que fue habitual que durante la cuarta edad del mundo existiesen las relaciones entre personas del mismo sexo (las flores del Naxcit y sus compañeros).


En San Anton (México), los conquistadores encontraron ídolos de oro y barro en donde se aprecian dos hombres cabalgando uno sobre otro, en forma de acto homosexual. Otra cerámica similar se puede observar en el museo del oro, en Bogotá, Colombia. Pero es entre los Mayas-Yucatecos que se encuentran figuras en barro en una perfecta orgía gay. En la Mochica, asimismo, existen representaciones de este comportamiento sexual. Podemos apreciar otras figuras en el museo Rufino Tamayo de Oaxaca o en el museo de arte precolombino de Chile.

Cortés comenzó con lo que sería la primera campaña homofóbica en el continente, al llamar “sodomitas” a todos los mexicanos de la costa atlántica. Así se refería Cortés: Hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable vicio”. El cronista Bernal Díaz dice al respecto: “Además desto eran todos ellos sométicos y en especial los que vivían en las costas y tierras calientes, en tanta manera que andaban vestidos de en habito de mujeres, muchachos a ganar con aquel abominable vicio”.  La ciudad de Panuco, para sorpresa de los españoles, era una sociedad exageradamente homosexual, a tal punto que eran públicos sus amancebamientos, llegando a reunir a mil y más de ellos.


Balboa, en la zona ístmica, se dedicó a perseguir y quemar a todos los homosexuales. ¿Los primeros mártires? La etnia en mención es la de los indios  cuevas, en donde lo que el pensó un vicio era una institución social. En efecto, tenían una costumbre que obligaba a determinados individuos a educarse, vestirse y comportarse como mujeres. Y esto para sorpresa de los españoles ocurría en la mayoría de los territorios de América.

A esta clase de institución indígena se le conoce con el nombre de: Bardaje. Alvar Núñez se los encontró en la Florida, EEUU. En Sudamérica existieron bardajes en casi toda la zona llanera: salivas, piapocos, guahibos. Los Laches en Colombia, por explicar alguno, tenían por ley que si la mujer paría cinco varones continuados, sin parir hembra, uno de los hijos podía hacer de hembra, criados de aquella manera, eran femeninos en el talle, ademanes que nadie podía diferenciarlos de las mujeres. De igual manera, en algunos aborígenes venezolanos se encuentra este tipo de tradición. Por ejemplo, los Tupinambas del Brasil tenían por valiente al varón activo dentro de la relación homosexual y por proeza esa conducta.


Es entre los aztecas que encontramos la actitud represiva y que castigaba severamente lo que los españoles llamaban el pecado nefando. La pena era la muerte para ambos. Muy similar en lo violenta e inhumana al Antiguo Testamento cristiano y al Coram islámico. Incluso entre los aztecas existía la costumbre del arresto de homosexuales en plan delincuencial. Es dentro de esta cultura que vemos que se reconoce el lesbianismo, ya que al igual que se capturaba al hombre vestido de mujer, de igual se hacía con la mujer vestida de hombre, según consigna el cronista Mendieta.


Los Incas tenían la categoría de delito que se castigaba con inmolación no sólo de la persona sino la quema de todos sus bienes materiales. Aplicada ésta no solo a los que se les demostrara ser homosexuales, sino también a los que lo parecieran. No ser obvio era vital para la subsistencia.


El celibato-sacerdocio-homosexualidad. Este trinomio no es viejo dentro de la historia latinoamericana. En efecto, el mismo Bernal anota que en Cipalcingo, México, los sacerdotes eran hijos de principales y no tenían mujeres, pero practicaban la sodomía. En Perú similar situación recoge Cieza de León: en los templos de los yungas, tienen uno o dos hombres vestidos de mujeres desde el tiempo de su niñez, hablando como tales, en sus maneras y demás remedando a las mujeres. Con estos celebran las fiestas y días principales, casi por religión y vía de santidad, los señores principales.


La palabra sodomía fue mal interpretada por el monje benedictino Petrus Damianus que desde el siglo XI llama a la conducta homosexual de esta forma. La Biblia en este aspecto condena la violación de un hombre, y de la hospitalidad en instancia última, no la homosexualidad en sí. La burla, el miedo a la obviedad femenina, la muerte física y moral, la instalación en las mentes de la homosexualidad como algo perverso, y toda una parafernalia discriminadora  son claramente algunas de las consecuencias que nos trajo la conquista a esta parte de la tierra. Igual es de hacer notar que las principales civilizaciones amerindias persiguieron como forma de control social la homosexualidad, pero la toleraban en los niveles altos y religiosos. La doble moral occidental encontró muy buena tierra de cultivo entre los indígenas. No así en las etnias menos pendientes por el poder que vivían más cerca de la tierra y sus ancestrales raíces que se mostraban tolerantes con esta conducta, y para ellos muy natural.


Un poco más de 500 años después de la llegada española a América, España legaliza las uniones homosexuales, y la posibilidad de adopción entre parejas del mismo sexo. España enmendó así su histórico error. Pocos países se han sumado a esta justa enmienda en el continente. Continúa pendiente la corrección de su herencia en la mayoría de sus ex colonias.          

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